Tips para los Ministerios Musicales

en la primera se ubican esas fórmulas que se enfocan en la dimensión espiritual de los ministerios haciendo énfasis en temas relacionados con el hábito de la oración, la lectio divina y de la moral cristiana que aportan a la convivencia y el liderazgo. En la segunda, se encuentran todas las recomendaciones disciplinares sobre la música tales como la afinación, formato, acople y repertorio. Curiosamente el común denominador de estos TIPS es que crean el imaginario que las personas que colaboran con la música en las parroquias son aficionados o bien, profesionales.

 

En este sentido es importante aclarar que el músico católico nace en el momento justo en el que una persona toma la decisión de ayudar con el canto durante la liturgia y es en ese momento donde esta persona empieza su carrera profesional. El problema radica en que desde la percepción occidental sobre lo que es ser “profesional” se liga ésta a la figura de titulación universitaria o con el reconocimiento público de la trayectoria artística (fama) de una persona, esta perspectiva impide que se vea a la labor de “músico de parroquia” o “músico católico” como una profesión que demanda preparación, estudio y experticia, de ahí que la mayoría agrupaciones parroquiales se permitan ciertas licencias o errores litúrgico musicales sobre la excusa de que ellos ni son músicos ni saben de liturgia.

En realidad, el único TIP que podría plantearse para este tema es:

NO ES UN JUEGO2“ser músico católico es una profesión de connotaciones vocacionales así que; estudia con disciplina para ser buen músico y sigue el ejemplo de Jesús para ser buen cristiano”

Este siglo se está caracterizando por la fuerte tendencia del hombre por buscar el camino más corto para todo y ante esa demanda crece con vigor la oferta de tips (consejos) para hacer las cosas más rápido y con menor esfuerzo, por fortuna el camino de Dios es angosto y solo aquellos que toman la decisión de recorrerlo pueden dar fe que no hay Tips para hacer más fácil su recorrido. Ningún músico católico que después de dos o veinte años cantando los mismos cantos sin progreso notorio o sin hacer composiciones para la liturgia, podrá decir que ha recorrido el camino que Dios, por medio de la iglesia, ha estimado para esta profesión.

La reflexión alrededor de estas fórmulas es que, está bien que abramos las puertas de las parroquias a las personas que pueden ayudar en los ministerios, pero de la misma manera que ninguna de las personas que proclaman la palabra durante la misa es analfabeta o en el caso de los catequistas no puede haber alguno que sea Gnóstico o Ufólogo, cada parroquia debería contar con un proceso de formación que garantice la calidad litúrgico musical durante la misa, de modo que los tips no deberían hacerse para los integrantes de estos ministerios, sino para los párrocos que en últimas son los únicos garantes de los procesos de formación en las parroquias y que son los más necesitados de consejos para que sus celebraciones tengan la calidad musical que desde el inicio estimo el Concilio Vaticano II cuando abrió la posibilidad del canto en lengua local o vernácula.

No debería suceder que el voluntariado de los músicos católicos sea el pretexto de la mayoría de los sacerdotes para ahorrarse un tanto de dinero que debería estar destinado a equipamiento y formación musical de los ministerios, como tampoco la razón principal para responsabilizar únicamente a estos de lo que sucede musicalmente en las liturgias. Es momento de tomar enserio esta labor

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